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En la actualidad, hablar de cristal ya no tiene por qué llevarnos a pensar en algo extremadamente delicado. La industria ha evolucionado y, ahora, existen multitud de tratamientos que hacen de él un material muy resistente.

Por ejemplo, dependiendo de dónde se vaya a colocar, se pueden contar con los cristales templados, que soportan bastante bien los impactos y, en caso de romperse, son muy seguros.

Cuenta con las ventajas de aportar gran elegancia y, aunque tienen la desventaja de ser bastante sucios con respecto a restos de cal, huellas, arañazos… existen diferentes tratamientos específicos donde ya podemos encontrar un cristal que soporta manchas, marcas y huellas, dando lugar a un material que puede durar mucho más tiempo y de muy fácil limpieza. Además, existe una amplia variedad de colores y acabados (incluído el ser más o menos opaco por temas de intimidad, por ejemplo, en la puerta de un baño).

Además de haberse hecho un hueco en las encimeras de baños y cocinas, el cristal está siendo muy utilizado para mezclar materiales de muebles recibidores y puertas, sobre todo, las correderas (aportando gran ligereza, luminosidad y elegancia).