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Después de pintar el suelo de nuestro futuro showroom, había que dar el siguiente paso: quitar vinilos decorativos de la anterior empresa y poner los nuestros.

Teníamos muchas ganas de dar ese paso, ya que era importante ir cambiando también por fuera.

Rasqueta en mano y ¡al lío!

Misión imposible… Llevaban mucho tiempo ahí puestos; había varias capas de vinilos (imaginamos para tapar los deteriorados y no tener que pasar por lo que nos tocaba a nosotros ahora ;)); el sol había estropeado mucho el material y algunos se convertían en polvo y, aún así, quedaban restos. No dijimos nada, pero nuestros gestos indicaron que eso no iba a resultar nada fácil. Esa rasqueta no era la adecuada.

¿Qué hacemos?

Decididos, fuimos a comprar “la rasqueta milagrosa”. El instrumento adecuado y una dosis de paciencia era lo que necesitamos para ese trabajo.

Y así fue. Poco a poco pudimos quitar los vinilos. Algunos fueron más fáciles que otros pero, al final fueron desapareciendo de las ventanas.

Hora de limpiar bien la zona para pegar los nuestros. Una vez hecho esto, con la ayuda de una escalera y varios utensilios para poder ir estirando y evitar el máximo de burbujas (los que estáis familiarizados con esto sabéis a qué nos referimos) fuimos poniendo nuestro logo.

Una enorme sonrisa apareció en nuestras caras al ver que las ventanas ya nos identificaban.