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Ya os enseñamos cómo habíamos cambiado nuestro taller. Sin embargo, faltaba una pieza clave: la puerta.

Podemos decir que este trabajo lo hemos disfrutado muchísimo. No sabríamos explicar si ha sido por el olor de la madera antigua (que seguro algunos seríais capaces de reconocer y os lleva a recuerdos familiares), por la idea en sí, o bien por el resultado (que nos encanta).

Teníamos unas puertas de armarios de los años 50 y se nos ocurrió darles una oportunidad.

Vimos que eran un tesoro. Quedarían estupendas como puerta del taller.

Las puertas tenían el típico papel pegado de esa época y tuvimos la tentación de dejarlo tal cual porque tenían ese toque… pero finalmente, decidimos quitarlo ya que estaba muy deteriorado.

Después de quitarlo de todas las puertas había que unir unas con otras. Era la hora de engalletar y poner gatos para que el adhesivo realizase su parte del trabajo.

Cuando secó, tocaba ponerla en pie. No creáis que fue fácil. En esos momentos piensas: yo y mis ideas, cómo pesa, esto es imposible, se va a romper, verás tú… pero conseguimos hacerlo.

Ya así nos emocionaba el resultado pero faltaban muchas cosas: poner el carril, hacer el falso muro de la pared de la izquierda, las letras…

Estamos muy contentos con el resultado y podemos asegurar que funciona a la perfección 😉